DIA TRAS DIA EN PAH MADRID 14-7-2017

Mientras las más altas instancias del país andan  por tierras del Reino Unido  en busca de mejorar la imagen de la marca España, la suya, y garantizarse la rentabilidad de sus negocios allí y aquí, pues las relaciones son cruzadas, aquí nada cambia. Nada parece ocupar a la corte que se  fue y a la que quedó más que tener al personal entretenido con cuanto pueda ausentar la atención de los problemas reales. Problemas que, sin embargo, lejos de reducirse se mantienen o se incrementan. Véanse los sucesivos informes que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas, en los que queda nítidamente reflejado lo que siente y preocupa a la ciudadanía.

Esta semana destaca el conflicto generado por el aniversario de uno de los crímenes de ETA. Su grosera utilización por la bancada popular, organización criminal la consideran en alguno de los sumarios, con la nueva campaña de necrofagia política con la que han ensuciado el ambiente y los medios, da pie para otras reflexiones. La más inmediata es la de recordar desde cuando la mafia etarra llevó a cabo sus monstruosos actos y en qué número. Comenzaron sus andanzas en 1968 y en 2010 cerró su cuenta mortal. En total 836 muertos, además de otros terribles daños.

Entre 2008 y 2015 ha habido en España, mal contados, 21077 suicidios. Ahora se sabe que en las estadísticas oficiales hay importantes ausencias de datos.

En 2012 se quitaron la vida 10 personas diariamente. En 2013  y 2014 lo hicieron 11 personas. En 2015 fueron 10 suicidios diarios.

La imputación de tales actos a la situación económica o laboral de la  familia o la persona puede alcanzar un importante porcentaje según diferentes medios especializados, llegando a barajarse el cincuenta por ciento como un valor posible. De ello puede concluirse que entre los años 2012 y 2015, en los que además hay un repunte del número de suicidios, serían 8030 las víctimas. A ello habría que sumar las habida entre 2008 y 2011, aunque con un promedio inferior, daría como cifra la otras 5110 víctimas. 13140 muertos achacables al terrorismo financiero.

Estas frías y duras cifras habría que  acompañarlas de las de aquellos otros caídos por la acción del terrorismo financiero, fallecidos por infartos, otras dolencias cardiacas, agravamientos letales sobrevenidos, enfermedades crónicas, psíquicas o fisiológicas, que acaban lentamente con las vidas.

Estas víctimas no generan el interés de cierta canalla política, ni el interés mediático al servicio del poder. Aunque en realidad si hay algunos medios que se aprovechan de cuando en cuando de la dura realidad. Rellenan sus escaletas o planillas hurgando en la zozobra de alguna familia que pueda quedar en la calle. Eso sí, con el control de la toma y el relato, no sea que se cuele algún dato o marca que afecte a los intereses de la cadena o línea editorial. Nunca sus voceros apoltronados van a indagar en otras de las caras del terrorismo, menos en el más sanguinario, el financiero. Perro no come perro, dicen.

TJUEDES

Pero el día a día es lo que es. En todas las localidades de España todos los días se pueden cometer actos criminales, cual es el de marcar con una diana el portal o la espalda de alguna familia, con el amparo de su brazo judicial. Desplazando en cualquier momento hombres armados, a los que importa poco conocer que sus instrucciones violan flagrantemente los Derechos Humanos. Dispuestos a utilizar la violencia si alguien reclama justicia.

Esa ejecución muchas veces se anticipa vitalmente cuando quien se sabe marcado y desprotegido decide colgarse de una soga, saltar al vacío o arrojarse a las vías. Y por aquellos a los que el corazón se les parte en seco, solos o en brazos de su pareja o familia.

En Madrid capital, desde junio de 2015, hasta abril de 2017, con la corporación en pleno como cómplices, la Policía Municipal colabora en esta sistemática violación de los Derechos Humanos en el número de intervenciones que recogen los cuadros de su propia estadística.

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El número de víctimas del terrorismo financiero en cada localidad, en cada territorio no sería difícil de conocerse. Es cuestión también de voluntad política. Los medios usados, la repercusión presupuestaria de estas agresiones tampoco.

PAH Madrid

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