DIA TRAS DIA EN PAH MADRID 11-7-2017

Estaba anunciado el desahucio de Freida y Bartolina. A las siete y veinte de la mañana coincidíamos en la puerta de casa con tres dotaciones de antidisturbios. Dieciocho policías nacionales a los que más tarde se sumaron seis de los municipales de Carmena. Y un alto mando conduciendo a la comisión judicial. El calvo y la otra, más el procurador de la entidad que llegaba por su cuenta.

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En medio dos contratadas del Ayuntamiento, de la concejalía de Usera Villaverde, de Pro Vivienda. Dos ciudadanas que asumen el papel de mediación en un reparto de funciones claramente pactada entre la representación judicial   y el Ayuntamiento, un lavado de cara con cargo a los presupuestos municipales con unos resultados que ocultan, como el convenio de asignación de esta labor.

A las ocho y cinco se hicieron las últimas llamadas a La Caixa-Caixabank y al Ayuntamiento para recordarles su responsabilidad en lo que estaba ocurriendo.

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Ya desde el primer minuto no dejaron subir a la vivienda. Hasta las diez y media estuvimos allí. Viendo, oyendo, fotografiando y tomando nota. También con declaraciones a la prensa y contando a los que pasaban lo que ocurría.

Podríamos decir que cierta frustración se apreciaba entre alguno de los guerreros apostados, pues pudieran estar esperando alguna otra actuación con la que aplicar la mordaza y su fuerza armada. Posiblemente el más tonto de ellos se encaró con uno de nosotros para aclarar que no era un desahucio, que eran ocupas. Lo que reiteró neciamente tras aclararle que eran personas con derechos.  El mando parecía estar relajado mientras tanto.

Llegó la televisión, la Sexta, y  tomaron declaraciones y anotaron datos. Luego otros deciden si se emite o no. Seguramente lo segundo, pues tendrían que recoger con seguridad que era La Caixa-Caixabank quién echaba a esas mujeres y a la niña de la casa. Es esa entidad y su empresa inmobiliaria quien tenía la posibilidad de mantenerlas a cubierto, aunque pagaran una cantidad mientras el Ayuntamiento encuentra una solución de alojamiento.

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El problema de este Ayuntamiento es grande, y su cobardía mayor. Hoy hemos asistido a uno de los seguramente veinte  actos de terror perpetrados por mandato judicial en colaboración con las fuerzas armadas. Ese es el número de acciones policiales que de lunes a viernes documenta el servicio de estadística de la Policía Municipal de Madrid en lo que va de enero a abril. Actuaciones que, en casi la totalidad de los casos, se asientan en actos ilegales y circunstancias familiares desesperadas.

El piso de la calle Martínez Oviol, 20-2º-d se lo ha adjudicado La Caixa Caixabank después de una ejecución hipotecaria que, como todas, no es legal. Cuestión  que es conocida por  la corporación madrileña, gobierno y oposición, sin que ninguna de sus señorías tenga la decencia de abrir la boca para denunciar lo que está ocurriendo en Madrid, en sus barrios.

Veinte acciones de terror hoy, trece diarias en 2016, y catorce en 2015, desde que tomaron posesión de sus cargos y sillones. Y esto es lo pequeño, lo gordo es la cantidad de familias que antes de llegar al lanzamiento entregan sus viviendas, talleres, naves, locales, en el transcurso de la presión de los bancos o los procedimientos judiciales. Esto lo conocen y callan los concejales del Ayuntamiento de Madrid. Esto lo callan los medios de comunicación en manos de los bancos.

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Grandiosa lección de dignidad las de Bartolina y Freida en el momento de abandonar la vivienda.  La primera con  la hija en brazos, con fiebre. Serena la madre, sonriente la niña. La otra con la cara alta, la mirada limpia y húmeda de algunas  lagrimas vertidas mientras declaraba  a la cámara que a ellas las echaban por no tener dinero, por ser pobres, aunque el piso quedara sellado y vacio por años.

_MG_9226El ruido del carro transportando la puerta metálica con la que tapiaron la entrada de la vivienda rompió el tenso silencio en  el que  los presentes veíamos la salida de las compañeras.

La marca Caixa tiene la estrella negra de sus actuaciones. Por más que la pinten de azul.  Y los de azul, los de la pistola en el muslo, el chaleco protector y la visera calada se marcharon con los objetivos cumplidos. Seguiremos pendiente de la estadística de sus actuaciones. Seguiremos viéndonos cuando podamos estar presentes.

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